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Qué significa el pensamiento outside-in para su equipo directivo

El pensamiento outside-in consiste en invertir el orden habitual: no partir de lo que quiere su empresa, sino de lo que ocurre fuera de ella, y solo entonces comprobar si su rumbo todavía se ajusta a eso. En la práctica, esto significa que un equipo directivo obtiene primero una imagen nítida de lo que ocurre afuera, y solo después compara esa imagen con sus propias suposiciones.

Suena lógico. Sin embargo, la mayoría de los equipos directivos trabajan de dentro hacia afuera: parten del modelo de negocio existente, de los clientes actuales y del presupuesto de este año, y complementan eso con información de mercado cuando llega por casualidad. El pensamiento outside-in invierte ese orden de forma estructural.

Por qué de-dentro-hacia-afuera se ha convertido en el estándar

Un equipo directivo de, por ejemplo, 120 empleados tiene las manos ocupadas con los asuntos del día a día: objetivos de facturación, personal, contratos de clientes. Las conversaciones estratégicas a menudo se basan en señales internas, como cifras del propio sistema o experiencias de los gestores de cuentas. Eso no es incorrecto, pero es unilateral. Un competidor que introduce un modelo de ingresos distinto, un cambio legal que entrará en vigor dentro de dos años, o una tecnología que acaba de superar la fase de usuarios pioneros, raramente aparece por sí solo en un informe trimestral.

El resultado es que una estrategia queda obsoleta poco a poco sin que nadie lo decida. No hay un momento en el que alguien diga "elegimos ignorar esta tendencia": simplemente no se discutió la tendencia. Quien quiera comprobar si esto también ocurre en su propia empresa, puede repasar las señales que indican cómo reconocer que una estrategia está desactualizada.

La imagen externa primero, separada de los propios planes

El pensamiento outside-in en la práctica empieza por separar la imagen externa: qué cambia en la legislación y normativa, qué movimientos hacen los competidores, qué tecnología o expectativa del cliente está cambiando. Esto ocurre deliberadamente antes de que comience la conversación interna sobre objetivos y presupuestos. El orden es importante: quien mira primero a sus propios planes y solo después hacia afuera, deja que la imagen externa se filtre sin darse cuenta por lo que ya se ha decidido.

Una manera de construir esa imagen externa de forma sistemática se describe en qué es un horizon scan y cómo hacerlo usted mismo. Para una empresa de entre 50 y 300 empleados, esto no tiene por qué ser un proceso pesado: se trata de un número fijo de fuentes y preguntas que se repasan periódicamente, de modo que la imagen del exterior no dependa de quién leyó un artículo por casualidad.

La dispersión dentro del propio equipo directivo

El segundo elemento del pensamiento outside-in en la práctica es menos evidente: no se trata solo de lo que ocurre fuera, sino también de cuán diferente valoran los directivos ese exterior. Un director de operaciones y un director comercial pueden ponderar de forma completamente distinta la misma evolución de mercado, simplemente porque la observan desde su propio rol.

Esa dispersión se hace visible cuando cada directivo, por separado, sin consultar primero con los demás, da una valoración en varios ejes que representan la presión sobre la estrategia. En un equipo de cinco personas surgen así cinco puntos. A veces están próximos entre sí, lo que dice algo sobre una imagen compartida. A menudo están muy separados, y esa diferencia es al menos tan informativa como el promedio: muestra dónde la conversación todavía no se ha tenido, o dónde ha quedado silenciada antes por la voz más fuerte en la sala.

Un ejemplo de una empresa mediana

En una empresa de alrededor de 90 empleados en servicios técnicos, el director financiero valoraba la presión regulatoria mucho más alta que el resto del equipo, mientras que el director comercial percibía sobre todo un aumento de la presión competitiva. Ambos tenían razón desde su propia posición informativa. Sin una manera estructurada de hacer visible esa diferencia, ambas señales seguían existiendo separadas en lugar de converger en una sola conversación estratégica. Solo cuando la dispersión se puso explícitamente sobre la mesa, surgió una conversación sobre qué señal debía pesar más para el período siguiente.

Cuándo debe tenerse esta conversación

El pensamiento outside-in no es un ejercicio único, sino un punto de referencia recurrente. Con qué frecuencia se necesita ese punto de referencia depende de la velocidad con la que cambian el mercado, la normativa o la tecnología en un sector; una pauta al respecto se encuentra en con qué frecuencia hay que reajustar una estrategia. Tampoco es evidente por sí mismo quién exactamente debe estar presente en una revisión así, no siempre el mismo equipo que dirige la operación diaria; esto se desarrolla en quién debe participar en una revisión de estrategia.

Qué puede hacer usted hoy

Quien quiera saber cómo está actualmente su propio equipo directivo, puede empezar con la mini-prueba gratuita de diez preguntas: esta ofrece una primera indicación del perfil de presión, sin que se necesite para ello un proceso extenso. Esa indicación muestra si la imagen externa y la imagen interna de su equipo están próximas entre sí o, por el contrario, difieren, y en qué ejes se manifiesta esto con más fuerza.

Un perfil de presión solo se vuelve concreto cuando queda claro qué significa para la organización diaria: qué temas de la conversación estratégica se traducen en tareas, horas y sistemas. Quien quiera saber qué significa en la práctica una agenda de decisiones para quién hace qué y de dónde debe provenir la capacidad, encontrará la respuesta en el escaneo de trabajo de ftetoai.com.

Colossusde assistent van de strategische drukproef

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